Introducción

En estos tiempos de aislamiento duros que vivimos, el Mindfulness es una opción estupenda para mejorar nuestra estabilidad mental y emocional.

Esta práctica de meditación busca que las personas sean conscientes y se centren enteramente en el momento presente, el aquí y ahora. Esto no significa estar al día de todas las noticias de los medios, sino pararse a pensar en lo que hay alrededor.

El Mindfulness tiene sus orígenes en la meditación vipassana, muy ligada a la religión budista y originaria de la India.

Años más tarde, se occidentalizó gracias a Jon Kabat-Zinn, un profesor emérito de Medicina estadounidense, que promovió en sus enseñanzas las prácticas budistas. Kabat-Zinn ligó esta sabiduría al estudio científico y, por medio de estudios clínicos, investigó el resultado que tenía en las personas.

Gestionar los pensamientos y las emociones

Mantener una conciencia plena sobre el momento presente que se está viviendo, supone un análisis emocional en una persona. Nos permite ser conscientes de lo que sentimos y valorar si se está haciendo de forma correcta.

Esta práctica de meditación es el contrapeso de una actitud visceral.

Del mismo modo, este escáner personal es el primer paso para regular las emociones y adaptarse a las situaciones extremas, como es el confinamiento en el hogar.

Aparte de esto, tiene un papel primordial en la actividad mental del cerebro.

En los momentos en los que la persona se bombardea con pensamientos negativos, puede mejorar su situación si tiene una visión desde fuera.

El pensamiento se mantiene perdurable y no se le puede dejar ir, en estas situaciones también viene muy bien el Mindfulness.

¡En práctica con Mindfulness!

Esta práctica de control de la atención plena se sujeta sobre varias bases que ayudan a lograr el objetivo fundamental del Mindfulness.

En primer lugar, es necesario ser consciente de lo que sucede en ese instante, desde lo más insignificante a lo de vital importancia. Se trata de contemplar desde fuera todo lo que rodea a una persona.

Después, hay que hacer un ejercicio de aceptación, observar todo lo que hay dentro y fuera para traer pensamientos negativos, los cuales circularán mejor mediante esta aceptación.

Deberemos mostrar una actitud de compasión y bondad hacia uno mismo, ya que que una condena personal no sirve para nada. Por último, surgirá una sensación de curiosidad, la normal de una mente abierta, sobre la que trabajar en el futuro.

Mindfulness y la familia

Los profesionales nos indican que podemos realizar esta técnica de manera individual o con nuestra pareja e hijos.

El temible coronavirus nos tiene aislados dentro de cuatro paredes, pero no por eso dejamos de hacer cosas. El ritmo de aceleración sigue dentro de las casas.

Y con una mente absorbida de preocupaciones debido a las peores secuelas derivadas de la crisis sanitaria mundial.

Por eso mismo ahora que la situación nos ha hecho parar la actividad cotidiana y estar en casa, quizás es el mejor momento para silenciar nuestros pensamientos y aliviar nuestra mente, mediante la técnica de mindfulness y la meditación.

Son prácticas que lo que consiguen son ratitos en el presente. Nos ayuda a relajar la mente, y la podamos distraer de un momento incierto de futuro.

Por eso ahora es el momento ideal para aprovechar e iniciarnos en la práctica de Mindfulness y meditación en familia.

Se puede realizar esta práctica de manera individual o con nuestra pareja e hijos, existiendo una serie de recursos para hacer con los más pequeños, respirando focalizando en eso y en más.

Y comprueba que, cuando termines de hacer esa meditación, te sientes de una manera diferente, aunque solo haya sido un ratito.

Practicar mindfulness rebaja en gran medida la impulsividad, y respondemos a la familia, en este caso, de una manera más afable y amigable, y nos ayuda a la convivencia que nos vemos obligados a mantener durante las 24 horas del día.

Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que meditar consiste en poner atención plena en el momento presente, aceptando nuestra realidad tal como es y sin emitir juicios de valor, no juzgar.

En un principio parece muy sencillo, y lo es, pero si no se está acostumbrado a permanecer en silencio, a darse un espacio para cuidar el interior de uno mismo, puede resultar un poco complicado, pero una vez que se empiezan a comprobar los beneficios de la práctica diaria, ya se habrá convertido en una rutina, en una de los buenas.

Actividades relacionadas con la meditación, para practicar en familia

-Agradecimiento: Cada uno de los integrantes de la familia le dará las gracias a los demás por algo que les haya gustado o que les ha hecho muy feliz durante el día.

Para esta práctica se recomienda utilizar un elemento que se irá pasando de unos a otros, por ejemplo, una pelota pequeña. Es muy gratificante y alimenta los lazos de unión.

-Buzón emocional: Se puede hacer a partir de una caja o una lata, donde podamos ir depositando nuestros mensajes. Se puede pintar o decorar como queramos y personalizarlo.

Toda la familia puede participar e irá dejando sus mensajes para todos los miembros de la familia que pueden ser de agradecimiento, de amor o de perdón.

-Intención: Antes de empezar a meditar, uno de los miembros compartirá una idea con los demás, pensará y dirá en voz alta a quién va a destinar estos momentos y encenderá una vela que estará encendida durante el ejercicio.

Se puede ir turnándose y que cada meditación la inicie una persona diferente de la familia.

En cuanto a meditar, se puede diseñar un espacio fijo para realizar la práctica, imprescindible que sea un lugar cómodo y tranquilo, porque lo ideal es hacerlo sentado encima de un zafú, un asiento de meditación, o un cojín clásico y si lo hacemos tumbados, lo más aconsejable es que se haga sobre una superficie agradable, como una alfombra o una esterilla de yoga.

Para comenzar a meditar, hay que adoptar una posición satisfactoria pero de presencia, sea sentado o tumbado, con la espalda recta y relajar lo más posible todo el cuerpo.

Para indicar el comienzo y el final de la meditación va muy bien el sonido del gong, los cuencos tibetanos, pero que en internet lo podemos encontrar en muchas aplicaciones.

Una vez iniciados, se pone el foco de la atención en la propia respiración, en cómo entra y cómo sale el aire del cuerpo y para ello hay una serie de técnicas muy sencillas, te damos unas cuantas:

1. Contar con números: al inspirar y al espirar, imaginar el número 1 y el número 2.

2. Dibujar una flor: al inspirar y al espirar ir dibujando los pétalos de una margarita.

3. Pintar un cuadrado: al inspirar y al espirar ir pintando cada lado de un cuadrado.

4. Olas del mar: al inspirar y al espirar imaginar el ir y venir de las olas del mar.

5. Colores: al inspirar y al espirar nos imaginaremos un color. Este es un momento idílico para regalarse unos minutos al día de serenidad para el cuerpo y la mente.

Además, la práctica diaria permite gestionar mejor las emociones y reducir el ruido mental para que la mente esté más serena y tenga espacio para desarrollar la creatividad y producir pensamientos positivos, tan necesarios en estos momentos.

En una práctica muy beneficiosa para toda la familia.

Conclusiones

Las sesiones de mindfulness deben ser diarias.

Mejorar en la meditación se consigue día a día y poco a poco, comenzando por ejercicios básicos e ir aumentando la dificultad al mismo tiempo que la experiencia.

La respiración se aplica al Mindfulness mientras se estudia la sensación del aire entrando por la nariz, llenando los pulmones y exhalando por la boca.

Las prácticas de meditación se pueden hacer en solitario o en familia, se pueden dedicar unos minutos al día y un espacio para uno mismo y aprovechar un tiempo para realizar una actividad en familia.

Así se podrá disfrutar de momentos inolvidables con la pareja o los hijos que ayudarán a mostrar su lado más amable, y que se convertirá en un espacio único para dejar llevar las emociones y dejar atrás el ruido mental.

En Centro Mindfulness Madrid te enseñamos la técnica de la meditación.