Mindfulness, asimetría prefrontal y disposición afectiva.

Entre las razones más importantes por la que Mindfulness tiene cada vez más éxito en clínica, es porque tiene un gran impacto en el restablecimiento del equilibrio emocional. Puede destacarse su beneficio en tratamientos de trastorno límite de personalidad, ansiedad y depresión. Esto, puesto que favorece la actitud de aproximación, frente a la evitación y los estados de ánimo positivos.

Un trabajo científico plantea los efectos de minfulness sobre la actividad cerebral en relación con lo que se ha denominado la disposición afectiva y con el estado anímico. En uno de estos experimentos, se estudiaron 25 sujetos normales, de una empresa de biotecnología, sometiéndolos a un programa de MBSR MindfulnessBasedStressReduction, por 8 semanas.

El tratamiento constaba de reuniones semanales de al menos 3 horas de meditación. Tareas de meditación de una hora en casa, durante 6 días, así como un retiro en silencio durante la sexta semana. Los datos electroencelográficos se elaboraron matemáticamente para conseguir la medida de activación cerebral de ambos hemisferios; así se logra también conseguir el grado de asimetría entre los dos.

Es importante decir que la zona que se estudia, al activarse, se relaciona inversamente con la potencia de la banda alfa (8-13 Hz) lo que indica que a menor potencia de la banda alfa, mayor activación cerebral y viceversa. Dicho de otro modo, la activación de una zona determinada, se mide al calcular la potencia inversa de la banda alfa.

El hallazgo de Davidson: la asimetría prefrontal y la disposición afectiva

Para entender esto en contexto: lo que encontraron Davidson y sus colaboradores fue que los meditadores, a diferencia de los no meditadores, tuvieron un incremento de la activación cerebral izquierda, en las zonas medias y anteriores del cerebro. Este patrón está asociado a la disposición afectiva positiva.

Es necesario observar estos resultados a la luz de una extensa literatura que demuestra la relación entre los estados emocionales positivos, en contraposición con los estados afectivos negativos, que muestran predominio de la activación cerebral anterior derecha.

Pero esta asimetría prefrontal es más compleja. La activación de el lado izquierdo no solo se asocia a estos estados anímicos, sino a una reactividad aumentada a los estímulos emocionales positivos. Hablamos de la voluntad para suprimir voluntariamente el afecto negativo.

La investigación hecha por Urry y Cols en el 2004 señala una llamativa distinción entre el bienestar eudaimónico y el bienestar hedónico. El último tiene que ver con aspectos positivos de la vida humana como la felicidad, las emociones placenteras y su frecuencia, y la satisfacción personal. El primero se refiere a cuando existen, además del afecto positivo, niveles de autonomía, control del ambiente y sensación de un sentido vital, autoaceptación y existencia de un propósito de vida. Este predominio de la actividad en el lado izquierdo estaría más asociado con este bienestar.

Estas cualidades que la desviación de la asimetría cerebral potencia, coinciden en sus más importantes aspectos con la actitud básica promovida por la práctica de Mindfulness. Coinciden más específicamente con la ecuanimidad. Una mente ecuánime está igualmente distante del apego y de la aversión; no hace distinciones y no discrimina. No quiere decir que sea indiferente, sino que es fuerte para hacer frente a las situaciones del día, lidiando con las emociones que estas traen. Puede soltar y no aferrarse.