Un espacio para la práctica de mindfulness en el colegio es un espacio para el autodescubrimiento

Diversos estudios han revelado como las prácticas de mindfulness mejoran significativamente los factores asociados a las funciones cerebrales ejecutivas. Propiciando así una mejor memoria, regulación emocional más acertada, flexibilidad mental y mejor atención focalizada. Todos estos elementos cruciales para el desempeño académico y personal del individuo. Sugiriendo así que la implementación de mindfulness en el colegio como programa debería iniciarse en etapas educativas iniciales. Por supuesto estableciendo un protocolo de seguimiento, evaluación, desarrollo y aprendizaje, adaptado a cada etapa edad y etapa infantil.

Existen múltiples estrategias para ofrecer calma a los niños sin confrontar sus sentimientos. No se trata bajo ningún concepto empañar las emociones de los niños y niñas, sino ofrecer herramientas para su control. Como la popular metáfora de la tortuga, se tiene conocimiento que es de enorme utilidad crear un “rincón de paz” en el aula: Un área tranquila que puede ser diseñada con la colaboración de los estudiantes. De forma que cuando el niño sienta presión, estrés o descontrol, pueda retirarse para recomponerse. La idea es ofrecerles un sitio de serenidad donde puedan reencontrar el equilibrio interior.

La comprensión del cambio que enfrenta nuestra sociedad nos obliga a integrar programas alternativos en todos los contenidos curriculares. Correspondiendo a esto, incorporar mindfulness en la escuela enfocado a cátedras en particular puede suponer un gran avance. Por ejemplo, podríamos incorporar mindfulness al estudio de la fisiología, incluso del cerebro en el contexto de las clases de biología. Los estudiantes pueden registrar su tensión arterial o su ritmo cardíaco previa y posteriormente a una actividad física. O el maestro puede sugerirles hacerse conscientes de las emociones experimentadas al estudiar las zonas cerebrales que dirigen la conducta.

¿Integrar mindfulness en el colegio realmente funciona?

Recurrir a programas en pro de la educación socioemocional es algo común actualmente. La capacidad de modificar y mejorar el cerebro gracias a la capacidad de neuroplasticidad de la que todos gozamos. Aplicar mindfulness para estudiantes de todas las etapas se traduce en la profundización de las dimensiones emocionales. Forjando así el carácter humano. Y otorgando fortaleza a los circuitos cerebrales competentes de regular la atención, la empatía, el autocontrol, la resiliencia y la compasión. En síntesis, se trata de afinar las herramientas para enfrentar la vida correctamente.

Actualmente los niños se encuentran frontalmente sobre estimulados. Ofrecerles herramientas para calmar sus mentes inquietas y concentrar su atención desde pequeños beneficiará sustancialmente su salud. El bienestar conseguido a través de la meditación permea todos los aspectos de la vida de un individuo. Imagina el bienestar qué generará a largo plazo en un niño que conoce la práctica en su etapa inicial. Involucrar las técnicas de mindfulness en el colegio es rescatar la esencia universal y vital del aprendizaje. Capacitándonos para enfrentar la vida y crecer siendo mejores personas. En fin, todo se traduce en que la enseñanza debe constituir una experiencia feliz. Para nuestra fortuna, nuestro cerebro es capaz de hacerlo posible.

 

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