Los telómeros

Los telómeros son un conjunto de ADN y proteínas que se sitúan en los extremos de los cromosomas y son imprescindibles para la completa replicación del ADN y la estabilidad cromosómica.

Los telómeros protegen las regiones internas de los cromosomas y se van desgastando con el tiempo con cada replicación del ADN (Blackburn, 2000).

Este desgaste de los telómeros puede servir como un predictor temprano de la aparición de varias enfermedades, como hipertensión, diabetes tipo 2, aterosclerosis, cáncer, demencia y deterioro cognitivo.

Desde el campo de la psicología, el acortamiento de los telómeros se siente acelerado por diversos factores conductuales, como mala alimentación, fumar, falta de sueño, consumo excesivo de alcohol, estilo de vida sedentario y factores psicológicos como características de la personalidad, estrés psicológico y trastornos psiquiátricos.

En distintos estudios se ha investigado cómo los factores de vida saludables pueden ayudar al mantenimiento de los telómeros o incluso a su alargamiento.

Estos factores incluyen ejercicio físico regular, mantenimiento de un índice de masa corporal inferior a 25 kg/m2, dieta saludable y no fumar.

La meditación se ha reconocido como un factor saludable que afecta a la longitud de los telómeros.

Diferentes ensayos recientes muestran una asociación positiva entre la meditación y el mantenimiento de los telómeros (Hoge y cols., 2013ª, 2013b), así como la elevación en la telomerasa (Lengacher y cols., 2014), lo que sugiere que la meditación puede desempeñar un papel vital en la prevención de las enfermedades.

Pero pocos estudios han demostrado esta asociación de la práctica meditativa y la longitud de los telómeros (Schutte y Malouff, 2014; Epel y cols., 2009a, 2009b; Conklin y col., 2015; Jacobs y cols., 2011).

En el ensayo de Alda y su equipo (2016), se demostró que los expertos meditadores en Zen tenían una mediana de la longitud telomérica más larga, así como un porcentaje menor de telómeros cortos en comparación con un grupo de personas sanas no experimentadas en meditación, muestras pareadas por sexo y edad.

Datos similares a este estudio se pueden encontrar en el estudio realizado por Salzberg (1995), sobre el ejercicio de meditación de bondad amorosa.

La atención plena puede ser un factor de protección para la longitud de los telómeros, independientemente del tipo de meditación que se ejercite.

La relación entre la meditación y la longitud de los telómeros puede deberse a que el Mindfulness ayuda a rebajar el estrés, la depresión y la ansiedad, y creemos que están ligadas con el nivel de cortisol, y esta asociación parece estar ligada con actividad de la telomerasa (Schutte y Malouff, 2014).

En cambio, la relación exacta entre atención plena y la longitud de los telómeros sigue sin estar aún del todo clara. La humanidad y la aceptación compartida parecen tener un papel esencial en esta relación (Alda y cols., 2016).

Estos dos factores se relacionan con el descenso de la depresión y de la ansiedad, así como con tácticas de regulación emocional y salud mental general.

Reloj epigenético

Al igual que los telómeros, otros marcadores biológicos nos pueden dar una idea de la edad biológica y el envejecimiento.

La investigación actual ha verificado que la metilación del ADN, una modificación epigenética que altera la forma en que se leen y se expresan los genes sin cambiar la secuencia subyacente, es un biomarcador robusto del envejecimiento biológico, y que puede mostrar alteraciones relacionadas con la edad del ADN.

Esta medida es tan concreta que la edad cronológica en los seres humanos puede predecirse +/- 3,6 años (Horvath, 2013; Hannum y cols., 2013).

Se conoce como el reloj epigenético y es un biomarcador robusto y reproducible del envejecimiento biológico, uno de los mejores disponibles. La desviación entre la edad del ADN y la edad cronológica de una persona proporciona información con respecto a su tasa de envejecimiento epigenético.

Una menor aceleración en esta tasa de envejecimiento epigenético (reloj biológico), estaría asociada con la longevidad (Horvath y cols., 2015), en cambio, la aceleración de dicho reloj se relaciona de forma positiva con enfermedades crónicas (Horvath y cols., 2014; Horvath y Ritz, 2015; Levine y cols., 2015a, 2015b; Perna y cols., 2016) y mortalidad (Christiansen y cols., 2016; Marioni y cols., 2015; Perna y cols., 2016).

Este reloj epigenético se acelera por el estrés, los hábitos de vida y las enfermedades crónicas relacionadas con la edad, por lo que es una herramienta muy fiable para hacer mediciones de cómo los cambios e intervenciones en los hábitos de vida, resultan ser eficaces para la prevención de enfermedades relacionadas con la edad y la posibilidad de explorar si la introducción de la meditación en nuestra forma de vida puede modular la velocidad del envejecimiento epigenético.

Como hemos dicho antes, la meditación ayuda a rebajar el estrés, la depresión y la ansiedad (Schutte y Malouff, 2014), y con ello al mantenimiento de los telómeros (Epel y cols., 2009; Alda y cols., 2016), pero también se ha percibido que son sensibles a la práctica de la meditación mecanismos moleculares implicados en el proceso del envejecimiento (Black y Slavich, 2016); Kaliman y cols., 2014), y que produce cambios neuroplásticos relacionados con la edad (Acevedo y cols., 2016; Luders, 2014).

La investigación de (Chaix y cols., 2017), examinó si meditadores de larga experiencia mostraban tasas más lentas de envejecimiento epigenético que los controles pareados en sexo y edad.

Los resultados de este estudio proponen que la integración de la práctica de meditación en la rutina diaria puede tener un efecto protector si hablamos de envejecimiento epigenético a largo plazo.

La disminución del estrés, elemento que acelera el envejecimiento epigenético (Zannas y cols., 2015), en los meditadores como resultado de su práctica regular, ayuda a la estabilidad de su reloj epigenético en todas las edades en comparación con los controles.

Se confirmó que, en los meditadores de larga duración, la tasa de envejecimiento epigenético disminuyó de forma significativa en relación con el número de años de ejercicio regular.

Esto sugiere que la consecuencia de protección de la meditación sobre la aceleración de la edad epigenética, puede ser acumulativa y progresiva.

En cambio, queda demostrado que la longitud del telómero y la tasa de envejecimiento epigenético no están correlacionados entre sí y se relacionan de manera independiente con el riesgo de enfermedad y mortalidad, posiblemente a través de distintas vías de señalización del envejecimiento (Marioni y cols., 2016).

Conclusiones

Los ensayos presentados sobre la biología de los telómeros, junto con los descubrimientos sobre el envejecimiento epigenético, sugieren que el ejercicio de la meditación ayuda a modular diversos mecanismos moleculares implicados en el envejecimiento celular, y puede representar una estrategia preventiva muy eficaz y útil para las enfermedades crónicas relacionadas con la edad (Chaix y cols., 2017).

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